martes, diciembre 05, 2006

Zen

He tratado de andar zen estos últimos días.

No pude ir a Guadalajara, bueno, ni pex. Mi vecino del edificio dice cosas wannabes, ok. Mi vecina de la oficina es un manojo incomprensible de nervios ante cualquier situación, no problemo.

Pero antes de continuar, que por favor quede claro que la filosofía zen a la que estoy recurriendo no es la típica oriental que tanto presumen los chicos Condechi quieroser, no, sino la que Sergio Arau nos legó en su viejo álbum llamado Frida sufrida, es decir aquella que basa su sabiduría en máximas como: "si están cansados de estar parados, siéntenzen...", o bien, "si a este lugar vienen a ligar, lánzenzen", y así por el estilo. Dicho lo anterior, continuamos.

Cuando era más joven sí me daban unas terribles ganas de andar por el mundo en afán justiciero. Imagino que cuando uno es adolescente eso es normal. Por eso cuando leo noticias duras en los diarios españoles relacionadas con este tema, suelo dar el beneficio de la duda a los protagonistas: jóvenes que golpean indigentes en cajeros automáticos o en las aceras y que, además, los graban en sus móviles para subir dicho material a internet más tarde (por cierto, internet ya se puede escribir con minúsculas, según la RAE).

Ahora intento ser --repito-- más zen. No es porque acabe de tener hijos y eso me haya cambiado la perspectiva de la vida, como suelen decir los neo-padres. Tampoco porque no dejen de existir imbéciles en el mundo, perfectos hijosdeputa --e hijasdeputa-- que merecen la horca, ni tampoco porque la injusticia, la pobreza, la estupidez, la oligofrenia, la podredumbre humana esté en proceso de extinción. No. Al contrario, eso es algo que nunca se acaba, como diría el viejo Mike Laure.

El punto es que, bueno, te enojas, haces berrinche, te jodes la existencia, ¿y? Sólo se pone en crisis tu pancreas, tu colon, tu hernia hiatal, mientras que a la vida le vale bíblicamente madres y sigue estando igual de jodida que siempre.

Con esto no estoy renunciando al instinto animal que uno lleva dentro. Es decir, que no estoy justificando que nos volvamos autómatas pasteurizados y ascépticos. Sólo digo que, cuando una situación amerite ir a por todas (y cuando digo a por todas es a por todas, con todo y ante todos) y cuando no, pues simplemente dejarla pasar levantando una ceja y poniendo cara de Borges. Una filosofía muy utilizada por los jugadores de cartas y demás cachivaches de azar.

En fin.

(Termino de escribir esto y lo primero que veo es la panzota inmensa de una secretaria literalmente afuera de su suéter. Calma, me digo. Si no les gusta lo que ven, volteénzen...).