jueves, febrero 16, 2006

Faltan 10 días

La izquierda de aquí y de hoy

Lorenzo Meyer

En términos electorales, la izquierda posible está lejos de ser la deseable, pero la alternativa es una de dos derechas

A propósito de un libro

El 2006 se puede definir como el año que debemos elegir entre izquierdas y derechas. Izquierdas y derechas que no son las que muchos quisieran sino las que hay. Para el inconforme no hay salida, pues el abstenerse no es solución, ya que tal conducta automáticamente juega en favor del partido con la mayor maquinaria y voto duro, es decir, el PRI.

Dejemos el tema de la derecha para otra ocasión y veamos el de la izquierda. El desacuerdo empieza con la definición y a quién incluir y excluir de la misma. Pese a la ausencia de consenso, conviene ahondar en la cuestión porque justamente hoy existe en México un partido político que reclama para sí el calificativo de izquierda -el Partido de la Revolución Democrática- y cuyo candidato a la Presidencia -Andrés Manuel López Obrador (AMLO)- tiene tantas o más posibilidades que sus adversarios de triunfar.

¿El PRD y AMLO son efectivamente de izquierda? Entre sus adversarios hay quienes dan por buena la autodefinición y precisamente por eso los combaten. Sin embargo, otros rechazan que AMLO y su partido pertenezcan a esa corriente. El personaje y el movimiento político que con más fuerza ponen en duda el carácter izquierdista del perredismo son el subcomandante Marcos y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Finalmente, hay aquellos que prefieren calificar al PRD, al candidato y a su programa sólo como reformistas o populistas.

Guillermo Zamora, periodista y escritor que fuera miembro del Partido Comunista Mexicano, acaba de publicar 14 entrevistas en un pequeño libro titulado: 2006. El año de la izquierda en México (Colibrí) y su contenido es un buen punto de partida para abordar el asunto de la izquierda mexicana hoy.

El origen

Para discutir la naturaleza de un concepto impreciso hay que acudir a su historia, pues ahí están las claves de su esencia. El significado político de "izquierda" nació en Francia. En 1789, el rey, apremiado por problemas fiscales, convocó a los Estados Generales. En esa reunión, los representantes de la nobleza se acomodaron a la derecha del rey y su contraparte -los plebeyos- a su izquierda. La decisión fue simbólica, pues siendo el brazo derecho el más fuerte, ahí tenían que estar los poderosos del reino. El brazo izquierdo, más débil y torpe, quedó al lado de los representantes del Tercer Estado, súbditos comunes y corrientes. Las circunstancias críticas llevaron a que la reunión se transformara en Asamblea Nacional y el simbolismo de izquierda y derecha se mantuvo, pero modificado. Quienes se sentaron a la izquierda y arriba de quien presidía (La Montaña), lo hicieron porque se identificaron con las posiciones más radicales, que demandaban la construcción de una sociedad más igualitaria. Al final, como sabemos, estalló la revolución.

Origen ¿es destino?

En el origen de la izquierda está su sentido de fondo. En cada época histórica hay una izquierda, que es la parte del espectro político que dice representar los intereses de los más débiles y explotados y que busca hacer avanzar la igualdad. Desde su arranque, un instrumento de la izquierda fue la violencia revolucionaria -para los más radicales, el único. Una violencia sin cuartel, como la que se practicó entonces en Francia, se justificó en función de un valor claramente superior para quienes la ejercían: la justicia sustantiva, la felicidad colectiva futura, el verdadero bien común. Francia fue, pues, el origen, pero el concepto se pensó sin fronteras, pues desde el origen sus valores y metas se supusieron universales.

Las ideas y proyecto originales de la izquierda -desde su concepción de la naturaleza humana, la historia, la sociedad, la economía- evolucionaron y se diversificaron. Siempre hubo varias izquierdas según su grado de radicalismo, pero el núcleo ideológico más coherente y duro fue el que se construyó alrededor de las ideas y proyecto de Carlos Marx. Y fue la amplitud de la teoría marxista y su consistencia interna el punto de referencia y definición del resto de las izquierdas. Con Marx cristalizó la convicción de que el proceso histórico no era una mera sucesión de eventos sino que tenía un sentido y que ese sentido era hacia una superación positiva del capitalismo. Al final, y tras el triunfo del proletariado, se superarían la lucha de clases y la política misma y se abriría un mundo nuevo, sin Estado, sin explotación y sin dominación. Cuando eso ocurriera existiría la verdadera libertad y daría inicio la auténtica historia humana. Suponer la inevitabilidad del triunfo de la izquierda fue la mejor manera de dar aliento a quienes intentaban lo casi imposible: el asalto, desde abajo, a la fortaleza que estaba en lo alto: la del gran poder capitalista.

En 1917 los marxistas se hicieron del poder en un país inverosímil: Rusia. A partir de entonces la teoría se enfrentó a la realidad y, todos lo sabemos, el resultado final fue una gran tragedia. Tras casi 70 años de dura existencia, el país de los sóviets desapareció y el edificio teórico más fuerte de la izquierda -el marxismo- casi se derrumbó. En realidad lo único que sigue en pie de la izquierda son sus razones morales: la insistencia en la justicia sustantiva en un capitalismo global donde las desigualdades relativas son casi tan hondas como en la Francia de 1789.

Hoy y aquí

En el libro de Zamora, a la pregunta sobre si la conducción política de México necesita hoy virar hacia la izquierda, Roger Bartra responde que nada indica que en México, o en cualquier otra parte, se "necesite" un gobierno de izquierda, ni tampoco uno de derecha. En la actualidad, el problema ya no se puede plantear como una "necesidad histórica", pues la posmodernidad nos dice que nunca hubo un destino escrito por la mano de la historia que nos debía llevar, inevitablemente, a una forma social predeterminada. Sin embargo, sin ser "necesaria" la izquierda puede ser "necesitada", pero sólo a condición de que construya un sistema de gobierno mejor, más justo, que el de la derecha. De esta manera, la única justificación de la izquierda se da en un terreno que Marx no hubiera aceptado: en el de la moral. Una izquierda que se haga del poder por el poder mismo no sería, desde luego, necesaria pero tampoco necesitada, simplemente carecería de justificación.

A falta de una mejor definición, se puede concluir que el término de izquierda corresponde en cada época y sociedad a quienes proponen, apoyan y ponen en marcha políticas diseñadas abiertamente a favor de los intereses de aquellos grupos o sectores sociales mayoritarios que han llevado la mayor carga en el desarrollo y sostenimiento de la forma de vida imperante.

En la actualidad hay en México al menos dos propuestas de izquierda. Una es la de PRD-AMLO -las siglas marchan por ahora juntas, aunque no necesariamente son lo mismo- y la otra es la del EZLN. La primera está empeñada, en su totalidad, en el gran combate electoral de este año. La segunda no, pues considera que la verdadera tarea de la izquierda no es ganar votos sino otra de metas de largo plazo y propias de la tradición en la que abreva: el marxismo. Desde esta perspectiva, lo que corresponde es organizar a los de abajo y a sus aliados y prepararlos para una larga marcha que, en el futuro, pueda desembocar en organizaciones sólidas y masivas, conscientes de sus intereses y posibilidades. Sólo entonces se podrá aspirar a poner en práctica el "mandar obedeciendo".

El subcomandante Marcos, como sabemos, ha calificado con particular dureza al PRD y a su candidato como falsos izquierdistas. El PRD, señala Marcos, ya ha tenido responsabilidades de gobierno a nivel local y ha mostrado que puede ser tan ineficaz y corrupto como cualquier otro. El programa y acción del PRD, a ojos de "la otra izquierda", implican contemporizar con los grandes intereses económicos que son la razón de la injusticia social que caracteriza a México. Finalmente, en el afán de ganar las elecciones, AMLO se ha rodeado de priistas, es decir, de corresponsables del desastre mexicano.

Las críticas del EZLN no carecen de sustento y de sentido, pero en el aquí y ahora llevan al ciudadano identificado con valores de izquierda a un callejón sin salida. El PRD no es la concreción del proyecto deseable, pero rechazarlo al punto de abstenerse en el ejercicio del voto significa facilitar el camino para que una de las dos derechas disponibles se quede al frente del país en los próximos seis años: la tradicional, tan moderada como inmoral, corrupta y autoritaria del PRI o la del PAN, democrática, ya no tan limpia y de visión estrecha. En fin, que para el votante de izquierda aquí y hoy, no hay salida fácil.


Nota: Subrayados míos.