lunes, marzo 20, 2006

Juarez's Bridge

No colegas, no nos hemos ido de puente. Por increíble que parezca, aquí estamos, incólumes y firmes en nuestra trinchera burocrática.

Hoy ha sido una mañana de escaso tráfico. El legado del pastorcito de Guelatao, convertido en presidente definitivo para la historia de este país, le ha dado a una considerable porción de la clase trabajadora la oportunidad de disfrutar un fin de semana atípicamente largo. Desde el viernes por la noche hasta el miércoles por la madrugada. Sin embargo, algunos seguimos aquí y, bueno, como también es atípico que los burócratas no hagamos puente, pues por eso cacareamos tanto el huevo.

De tantos temas por comentar no atino a poner alguno. Mmmm, veamos. Perdió Pumas, lo cual ya no es novedad, mucho menos que la grada abucheé al megatronco de Victorino, ni que le cante Vales verga / España vales verga al técnico universitario. Yo más bien diría Vales verga / Padilla vales verga, pero creo que también se entonó dicho cántico. En contraste, Osasuna ganó y de qué manera, 2-4 al Espanyol en su campo, el Olímpico de Montjuic en Barcelona. Vaya temporada la de los rojillos. La verdad, deseo fervientemente que concluyan --al menos-- en segundo o tercer lugar de la liga española.

Por otra parte, en política todo va en picada. Como bien ha anotado el editorial de La Jornada, mientras unos se lanzan con todo sobre AMLO, éste último va a darse una limpia con un brujo de Catemaco. Y bien, ¿qué clase de campaña es la mexicana? Por lo visto, ésa: la del espíritu gandallezco-montonero y la de lo paranormal sustituyendo a la razón científica. En fin.

Sobre el tema del botellón, mientras en algunas ciudades españolas fue un éxito, por ejemplo, en Sevilla, en otras simplemente fue un fiasco. El sábado Sivel me trajo directamente de Barajas el ejemplar impreso de La Vanguardia --mi diario favorito, por encima de El País-- del mismo día, en una especie de homenaje involuntario al antiguo correo de Moctezuma que le traía el pescado fresco de Veracruz a base de corridas presurosas de varios relevos, y en él pude leer que la Guardia Nacional de ese país evitó la reunión juvenil festiva en diversas ciudades que prohíben esta clase de prácticas lúdicas-etílicas en sus calles.

Mi pregunta es, ¿qué pasaría si en México se organizaran algunos botellones en las plazas públicas de ciudades importantes del interior?

Por cierto, algo que también llamó mi atención fue un editorial de The Times en el que, con todo el ácido humor británico que les caracteriza, apuntaban que "mientras los estudiantes franceses se movilizan, los españoles beben". Ja, ja. Es cierto, mientras los franchutes levantan barricadas por las calles y se manifiestan por la Ley Laboral de ese país, cruzando los Pirineos --donde viven Bell y Sebastian-- los jóvenes gachupines también se organizan, pero para ir a por los pomos, los chescos y las papas.

Pero, aunque ustedes no lo crean, pienso que ambas tareas son igual de complicadas, así que no hay por qué satanizar o santificar a unos en oposición de los otros. En todo caso remataría, ¿y los mexicanos qué hacen? Ni una cosa ni la otra. O bien, una versión revisitada del viejo dicho que afirma: ni pichas, ni cachas, ni dejas batear...

El sábado pasado se celebró San Patricio, el mero mero santo de los Irish. En homenaje a mi buen colega Brendan Kilroe, oriundo de Swinford y vecino ahora de Boston de Zaragoza, estado de Massachussets, reproduzco esta crónica de Jordi Soler, antiguo agregado cultural de México en Dublín, sobre el tema.

Salve a los Puentes de Juárez.

Jordi Soler

Cerca de Cork, en el sureste de Irlanda, hay una piedra que la gente insiste en besar. La piedra que recibe estas muestras de cariño tiene el nombre de Blarney Stone, y como si no fuera ya bastante raro besarla, la leyenda dice que hay que hacerlo de cabeza mientras un colega, de preferencia robusto, nos sujeta de los pies para que no vayamos a dar al fondo del desfiladero que hay que sortear para besarla.

La leyenda también dice que a cambio de ese beso esforzado la piedra otorga el don de la elocuencia.

Hace unos días me integré a uno de los pub crawling de San Patricio, esa actividad tan irlandesa que consiste en ir de pub en pub hasta que el ritmo de la actividad obliga a seguir gateando (de aquí la palabra crawling) de uno a otro.

Venía caminando por la calle en Barcelona cuando vi pasar a una fila de irlandeses con sombreros verdes, visiblemente animados con su fiesta nacional, y para quitarme de encima la modorra de esa noche me integré a la fila y un minuto después ya alguno me había dado un sombrero de leprechaun, esos sombreros verdes de copa que usan los elfos y los gnomos irlandeses mientras fabrican zapatos o entierran tesoros al final del arcoiris.

La fila entró a un pub y yo detrás de ellos con el ánimo de tomar notas sobre la fiesta nacional de Irlanda en Barcelona.

En la porción de barra que nos tocó en suerte en aquel pub atestado atendía un muchacho peruano, "no demasiado irlandés", dijo uno de mis recientes colegas y después ordenó una docena de pintas.

Yo veía la multitud debajo de mi sombrero de leprechaun. Una sensación rara porque debajo de esos sombreros tiende uno a pensar que vive dentro de una casa con forma de zapato, y eso mismo pensaba cuando una muchacha irlandesa que también veía el pub desde debajo de su sombrero me dijo "creo que dejé la puerta de mi zapato abierta".

"Lo único que nos falta en este San Patricio es besar la piedra de Blarney", dije, porque había notado que la mitad de la fila que se arremolinaba en torno a la barra se había puesto a la expectativa con el comentario de la chica y lo que en realidad conseguí fue abrir la caja irlandesa de los truenos porque uno de los vikingos que integraban nuestra fila dijo que sí, que no poder darle su beso de San Patricio a la piedra Blarney era una verdadera pena, pero lo dijo con tal desasosiego, y yo me sentía tan leprechaun debajo de mi sombrero y tan anfitrión de esa tribu festiva de extranjeros, que me vi orillado a decirles que en Barcelona también había una piedra que, a cambio de un beso, otorgaba el don de la elocuencia.

La fila en pleno se iluminó en cuanto dije esta invención comedida y sumamente imprudente, "¿are you shure?", preguntó un anglonormando de más allá y yo opté por distraer la atención que empezaba a ser lacerante ordenando otra ronda de pintas en lo que pensaba algo convincente.

"¿Quieren un pisco sour?", preguntó nuestro barman peruano y en cuanto iba yo a protestar por ser aquello muy poco irlandés, el anglonormando que ya había olvidado la piedra y sus atributos, dijo que sí, que pisco sour para todos, así que cuando llegó la tercera ronda de pintas, lo hizo acompañada por una constelación de vasitos del aguardiente peruano. Antes de pedir la cuarta ronda pedí la palabra, cosa nada fácil en aquel griterío, para sugerir que buscáramos otro pub con la idea de cumplir cabalmente con el mandamiento irlandés del pub crawling, pero en cuanto estaba diciendo esto, vi que uno de los integrantes de nuestra animada fila, que llevaba en ella desde las cinco de la tarde, gateaba entre nuestras piernas, así que mejor opté por respetar ese crawling canónico, callarme la boca y aceptar de buena gana la cuarta ronda con su rémora de pisco sour.

Una hora más tarde la celebración de San Patricio había entrado en un periodo de borrasca, yo seguía viéndolo todo como un leprechaun debajo de mi sombrero verde y tomando nota de todo lo que iba sucediendo, aunque a la hora de escribir estas líneas no pude descifrar nada de esas notas que parecían escritas por la mano de otro, y sin embargo recuerdo que a cierta hora de la noche sosteníamos entre varios las piernas del anglonormando que colgaba de cabeza y se comía la pared del pub a besos buscando la elocuencia que da la piedra Blarney.

1 Comments:

Blogger No estoy, salí de viaje. Intenta más tarde said...

La próxima persona que me desee un feliz Día de San Patricio, tendrá que lidiar con su proveedor de internet una vez que este sea anónimamente informado de que dedican su tiempo a descargar imágenes de perros fornicando con bebés. He dormido con chicas irlandesas y me he embriagado en Belfast, lo que me hace más irlandés que el 99% de ustedes -- oh, y aquí llega el tren de las pistas, y dice que yo no soy irlandés, ni tampoco el 99% de ustedes, así que pueden meterse el Día de San Patricio en el trasero. Si quieren celebrar el día de hoy, cómanse una papa cruda, construyan una casa con hierbas y lodo y háganse acribillar por un inglés. ¿Y saben qué? Si nacieron en América, no son irlandeses, son americanos. Aguantense. (Aunque sigo aconsejando a los turistas americanos en Europa que todo el tiempo digan ser canadienses.) Esta es su Verdad para el día de hoy. Pueden regresar a sus labores. Gracias.

El comentario es de Warren Ellis, el mismo de Transmetropolitan y Planetary: http://hogueradelasnecedades.blogspot.com/

marzo 21, 2006 8:01 a.m.  

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