jueves, noviembre 29, 2007

Sobre el transporte público y privado de esta ciudad

Primero, ya suman varias noches en las que he escuchado una verdadera manifestación de oligofrenia en la radio comercial. Me refiero a un dizque programa denominado “El Panda Show” que se transmite en alguna estación de frecuencia modulada por las noches. Hombre, qué cosa tan estúpida. Se supone que el locutor es un vehículo para que el auditorio le juegue “bromas” a sus familiares o conocidos. Uf. Es decir, le llaman, se ponen de acuerdo y luego marcan a las casas o móviles de los pobres ingenuos que ni se las huelen ni se las esperan. Las “bromas” que me ha tocado –por maldita desgracia—escuchar han sido del peor de los gustos: una tipa le dice a su hermano que su otra hermana ya está de nuevo embarazada (según para provocar su ira incontenible) y un tipo le declara abiertamente la bronca a otro (según para ver cómo reaccionaba). ¿El Ministerio del Interior no tendría que regular este contenido escabroso en los medios electrónicos? Un poco de piedad, por favor. Que no todos somos chimuelos babeantes. Ah, por cierto, ambos casos sucedieron en microbuses (creo que eso justifica un poco el hecho de que sobrevivan estos espacios de locura y vómito).

Segundo, ¿qué será peor?, ¿un taxista sabelotodo, que a la menor provocación ya está disertando interminablemente sobre la política y la economía y la sociología y la ingeniería y la antropología y la filosofía y el derecho y las matemáticas aplicadas avanzadas y la historia y la actuaría y la contabilidad y las ciencias sociales y la química y la física y la arquitectura y la música y la etcétera, o bien, un taxista que al momento de abordar su vehículo te hace el comentario a’i usté me dice por dónde nos vamos, no mi jefe?

Tercero, esta mañana, mientras intentábamos cruzar Chapultepec, vi a lo lejos a Fernanda Solórzano, quien junto a Déborah Holtz hacen del programa Confabulario (viernes, 23.00 horas, Canal 40) algo de lo rescatable de la televisión nacional (suspiro).