jueves, diciembre 20, 2007

Asueto

Las vacaciones han arribado. Un breve periodo para intentar hacer todas esas cosas que nos vienen a la cabeza cuando estamos en el centro mismo de la rutina. Pintar la casa, leer los libros que se acumulan en el buró, visitar a los colegas, ir a algún museo, poner la alarma como si fuese un día normal y después dormir sin remordimientos, tal y como lo hemos deseado tantos días en el año.

Según los diarios en línea están saliendo de la ciudad un promedio de 135 coches por minuto. Sin embargo, creo que esto no se refleja mucho en la cantidad de gente que he visto hoy en las calles y los restaurantes. Las reuniones por el término de las labores académicas y laborales siguen llenando a tope los lugares. Una de dos: o las cifras del INEGI respecto a la población total de la capital son erróneas o los mexicanos hemos adquirido el don de la ubicuidad como una de esas habilidades para plantar cara a las distancias.

Anoche un escándalo interrumpió mi sueño. A las dos de la madrugada un conjunto de mariachis arrancó su perorata con las tradicionales "Mañanitas". Por un momento pensé que ya estábamos en el 17 de enero porque el asunto se oía casi afuera de nuestro piso. Era tanto el escándalo que me tuve que levantar a percatarme que no era algún despistado que había confundido los números de los apartamentos. Lo que vi después de mi ligera investigación fue que, en efecto, alguien estaba intentando agasajar a un ser querido a través de las sentidas notas del repertorio del mariachi (imagino que vestido de blanco con vivos en dorado), pero también que no era enfrente de mi puerta, sino unos cuantos pasos más adelante.

Las vacaciones siempre implican un doble reto. Por un lado, descansar. Por el otro, hacer muchas cosas pendientes. Este fin de año me he prometido planear mis actividades para cumplir los dos compromisos y no tener reproches a principios de enero.

Ya veremos cómo va transcurriendo el asueto invernal.