viernes, junio 06, 2008

De viernes y cuartas espadas

Las semanas pasan cada vez más rápido. Eso me ocurría cuando aún me encontraba en el Ministerio: despertar en lunes y ver el mediodía en viernes por la tarde. Después, cuando arribé a este lugar, la cosa como que bajó de velocidad y, entonces, ir de lunes al miércoles era casi como traspasar la primavera rumbo al verano. Ahora, poco a poco, la cosa vuelve a tener el mismo nivel vertiginoso de avance.

Hace ya unos días terminé de leer La cuarta espada. La historia de Abimael Guzmán y Sendero Luminoso (Debate, 2008), el libro que Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) escribió, como su nombre lo indica, sobre Abimael Guzmán, el líder de la organización Sendero Luminoso (SL), actualmente preso en la cárcel "más segura del mundo", en El Callao, Perú.

Inicialmente planeado como un reportaje para el diario El País, la información se fue acumulando hasta tener suficiente material para montar el libro. El año pasado el autor lo presentó por primera vez en España y ahora ha llegado a las librerías mexicanas.

Lo he leído con interés porque, como se recordará, me había agradado la anterior obra de Roncagliolo, Abril Rojo, ganadora del Premio Alfaguara 2006. Además, el tema era similar: narrar acontecimientos vinculados con la lucha entre el Estado peruano y la guerrilla maoísta de Sendero Luminoso durante más de una década en aquel país. Desde la aparición de perros muertos abiertos en canal colgados en las farolas de Lima con la leyenda "Deng Xiao Ping, hijo de perra", en diciembre de 1980, hasta la detención de Guzmán en un barrio de la capital en septiembre de 1992, así como su posterior exhibición al mundo a través de un show montado por la policía y las altas autoridades de aquel entonces.

Y, bueno, ahora que he leído el texto, el cual, no está por demás decirlo, es bastante fácil de digerir, he recordado que quizás mi interés o mi click por este tema se remonta a un acontecimiento extraño y, al mismo tiempo, curioso.

Resulta que allá en el pueblo poblano, a principios precisamente de la década de 1990, 1992 para ser exactos, aparecieron varias pintadas en las paredes de ciertas zonas que decían "Viva la guerra popular en el Perú", "Viva el presidente Gonzalo", en rojo y con la imagen de la hoz y el martillo junto a las iniciales PCP. Extraño porque esa región no tenía --al menos no de manera visible ni teórica-- ningún vínculo con los suramericanos y curioso porque nos daba testimonio de un conflicto que sabíamos que exístía, pero a varios miles de kilómetros al sur. En suma, que nos parecía exótico que ese tipo de consignas aparecieran en las calles del pueblo.

De hecho, en una revista que montamos por aquella época, en el primer número pusimos un cartón que intentaba ser político referente a esas pintadas. En él se veía a un hongo (que era como nuestro personaje referencial) con una lata de pintura en aerosol en la mano y escribiendo algo en una pared serrana. Me parece que luego de eso algunos nos consideraron subversivos o algo así. En fin. Algo como que HCH podría ser la versión norteamericana de Ayacucho.

Bueno, también he mencionado que mi relación con Perú es, de alguna manera u otra, cercana. Amigos, comida, viajes de mi esposa. Bueno. Si juntamos todo eso habrá un legítimo interés en lo que sucede por aquellos lares. Ah, claro, también compartimos ciertas cosas como sociedad y como país, repito, grandes recursos naturales y una pobreza extrema, una afición fiel por el fútbol (o fulbo, como le dicen allá, fulbito...) y una terrible herencia de derrotas sistemáticas, o bien, una excelente comida tanto aquí como allá. Bueno, que para acabar pronto, lo único que ha ganado México en su historia futbolera ha sido el Mundial Sub 17 que se desarrolló en... Perú. Al final del día, ambos también somos ex colonias del Tercer Mundo.

Volviendo al libro, es interesante porque narra los principales acontecimientos que llevaron a SL a constituirse como un grupo que desafió con cierto éxito al Estado peruano durante esos años, ciertos rasgos de la personalidad de su líder, así como da testimonio de las mujeres senderistas actualmente presas y que, por extraño que parezca, eran uno de sus pilares fundamentales en su lucha por implantar el comunismo en aquel país.

He leído algunos comentarios de peruanos por internet que dicen que el libro no trae gran cosa nueva a las investigaciones y a lo que se sabe del conflicto dado a conocer por la Comisión de la Verdad, por los diarios y por lo que se comenta en el boca a boca. También que Roncagliolo no toma posición y que sólo ha escrito algo para el público foráneo (como yo). Una historia cruel que puede perderse de dimensión al ser novelada.

Sin entrar en detalles políticos e ideológicos, a mí me ha parecido un texto decente, bueno, ameno, súper ágil y con datos que nos llevan a imaginar qué hay detrás de la mente de un líder carismático que puede movilizar a todo un sector de la población hacia --precisamente-- un ideal político. Que si no entrevistó a Abimael, que si han faltado datos y cifras, que si todo se presenta como una historia menos cruel de lo que realmente fue, bueno, eso lo pondrá con más claridad el tiempo. Ahí están las referencias a los apagones, a los ajustes de cuentas, a la disciplina ideológica llevada al extremo. Pero también, y esto es interesante, a la reacción del Estado, a su incursión en las zonas de influencia senderista y a la estrategia seguida para contrarrestar la ofensiva. El libro intenta dar las dos caras de la moneda.

Además, para terminar debo decir que uno de los puntos con los que quizás me he identificado con Roncagliolo es que es de mi generación (mediados de la década de 1970).

Ahora he comprado una obra previa tanto a Abril Rojo como a La Cuarta Espada que se llama Pudor. Quizás ahí compruebe si me sigue gustando como narrador, o bien, si sólo es el tema político lo que me atrae.

Al tiempo.


PS. Por cierto, el próximo domingo juegan México versus Perú en el fútbol. Desde ahora que firmen el empate, dadas las circunstancias de ambos... (y, claro, que preparen los ceviches y que pongan a enfriar las Incas Colas en La Mar).