lunes, octubre 20, 2008

Volver

Es gracioso regresar al pueblo poblano: uno nunca sabe qué es lo que puede suceder.

Este fin de semana fui expresamente a realizar un trámite en una Notaría, pero resulta que no se pudo porque no tenían electricidad. El asunto es que un día antes unos avezados se habían robado el cable. Bueno.

El clima frío y lluvioso me recordó en dónde me encontraba parado a cada momento. También la comida típica, de la cual puedo decir con cierta pena que me atasqué. En fin. Colesterol malo al alza.

En la noche un café en un lugar que también funciona como centro de espectáculos (o algo así). Saludé a una coleguita, luego a otros dos y luego a otros dos. ¿De dónde han salido? De mis relaciones pasadas. Creo que a las amistades les sienta bien ese lapso que transcurre entre el último y el más reciente encuentro. Es ahí donde se exaltan las virtudes de las personas y se extrañan las aportaciones de cada uno. En fin.

Luego, de regreso por la carretera, más lluvia y más frío, como diciendo aquí te espero cuando vuelvas: el sempiterno e inamovible clima de ese lugar en el que crecí.