lunes, marzo 20, 2006

CC

Con sorpresa leo que José Antonio Crespo dejará de publicar en El Universal. El miércoles pasado fue Leo Zuckermann quien anunció que ya no publicará más ahí. ¿Qué pasa? ¿Habrá una deserción masiva en "el gran diario de México" o alguna otra empresa está invirtiendo más recursos en reclutar a las mejores plumas del país?

Mientras tanto, este es el último texto de Crespo (el cual de cualquier forma iba a subir para dejarlo como constancia del Bicentenario de BJG).




Candidato Juárez
José Antonio Crespo
QUE haya coincidido el bicentenario del nacimiento de Benito Juárez con la elección presidencial, y que el Benemérito sea uno de nuestros máximos héroes (si no es que el mayor de todos), hace de su imagen una bandera de campaña que se disputan los candidatos, en mayor o menor medida.

Cada candidato destaca algunas de sus propias "virtudes" de tal forma que se las identifique con las del prócer, de modo que el ciudadano sienta que al votar por fulano o sutano, en realidad lo hace por Juárez. El truco está lejos de ser eficaz, pero es indispensable enarbolar la imagen del prohombre como acompañando la campaña respectiva de quienes se lo arrebatan. Pero, como mucho se ha dicho, no se trata de la imagen del verdadero Juárez, sino de la pétrea y solemne estatua de bronce, del héroe sobrehumano que se enseña en las aulas, no el verdadero, con sus errores y defectos.

1) Se destaca el legalismo de Juárez, pero no siempre se apegó estrictamente a la ley, cuando esto no le favorecía políticamente. El oaxaqueño era más bien un hábil y pragmático político, que por ello escribió: "Querer que un poder extraordinario, creado por la necesidad y por la voluntad nacional, obre con estricta sujeción a la ley, es querer un imposible. Es querer que haya un huracán sin estragos". Don Emilio Rabasa escribió de Juárez: "Con la Constitución no gobernó nunca". Y de ahí que lo llamara el "dictador de bronce".

2) El guelatense podría hoy asesorar a su candidato favorito -quienquiera que fuera- para ganar la elección con fraudes y compra de votos, pues en ello era diestro. En 1871 ganó en turbios comicios con 93% de la votación, un resultado más bien soviético (o del añejo PRI). Las caricaturas de la época lo dibujaban como hechicero, haciendo pócimas electorales. Un crítico suyo le dedicó las siguientes coplas: "¿Por qué si acaso fuiste tan patriota, estás comprando votos de a peseta? ¿Para qué admites esa inmunda treta de dar dinero al que en tu nombre vota?". Se trata del general Ireneo Paz, abuelo de Octavio Paz.

3) No parece haber sido ajeno a manejos turbios para conseguir sus propósitos políticos. O al menos así lo pensaba Ignacio Ramírez, entonces magistrado de la Suprema Corte, quejándose de que su sueldo no le era pagado por utilizarse en las componendas juaristas. Ramírez escribió una carta a Juárez y su camarilla: "Don Benito, usted y todos ustedes reducen la política a intrigas electorales, a gastos secretos, a corrupción de diputados y a derramar sangre con frecuencia".

Otro liberal, Ignacio Manuel Altamirano, escribió en 1883: "(Juárez) proscribió y persiguió tenazmente o mandó fusilar a liberales sin mancha, a patriotas esclarecidos, si habían tenido la desgracia de no haberle sido adictos personalmente o de ofenderlo de algún modo". Por lo visto, no tan querido por sus contemporáneos era Juárez, a diferencia de como es hoy.

4) Hizo lo necesario para quedarse en el poder hasta su muerte. Él fue el verdadero campeón del reeleccionismo. Por lo cual un columnista del siglo XIX escribía, explicando las revueltas antirreeleccionistas contra Juárez: "Es natural que los espíritus se subleven contra una situación en que un hombre es todo, y la nación nada". Y se dirigía al presidente de la siguiente forma: "Habéis caído de vuestro elevado pedestal para confundiros con el vulgo de los hombres; érais el hombre de la ley, sóis el hombre de la ambición".

5) El legendario nacionalismo juarista es relativo. Lo fue sin duda frente a los franceses. No tanto respecto de los yanquis, a quienes, invocando el tratado McLane-Ocampo (nunca ratificado), convocó a una pequeña pero decisiva injerencia naval en su ayuda durante la guerra de Reforma, cosa que ocurrió. Y tal intervención contribuyó al triunfo de los liberales sobre los conservadores.

6) La mitología juarista lo presenta como un hombre austero, practicante de la "medianía republicana". Así fue durante los años de la intervención, cuando el gobierno apenas si recibía algunos recursos para sobrevivir. Tras la caída del Imperio, Juárez mantuvo una imagen de austeridad, se levantaba temprano en la mañana, se bañaba con agua fría. Sus oficinas estaban modestamente amuebladas. Por la tarde terminaba sus labores y paseaba con algún miembro de su familia en un carruaje propiedad del gobierno, viejo y desvencijado. Empero, Juárez no era precisamente un asceta. Don Benito tenía varias casas, una de ellas en lo que hoy es la avenida Madero, en el primer cuadro de la ciudad que era una zona de lo más exclusiva. Compró también a su esposa una casa de campo en la colonia San Rafael (que aún era campo). Otros terrenos y bienes tenía Juárez, pues al morir dejó a su familia una herencia valuada en 151 mil pesos. Poca cosa hoy, pero equivalente a unos 4 millones de dólares actuales, según calculan historiadores.

Por todo lo anterior, esperemos que lo de la evocación del Benemérito en esta campaña presidencial sea mera retórica, y que los candidatos, particularmente los "juaristas", no se tomen en serio eso de seguir el ejemplo de nuestro héroe máximo.

Aclaración.

El jueves pasado cuestioné la asistencia de Miguel Ángel Yunes y Eduardo Medina Mora al acto en que el gobernador poblano Mario Marín anunció su ridícula fiscalía contra la pederastia. El licenciado Yunes me aclara que su presencia con Marín respondió a un evento distinto, imagen que muchos medios proyectaron al mismo tiempo que se notificaba la creación de la fiscalía. Reporto, pues, la aclaración hecha por el licenciado Yunes.

Despedida.

Con esta entrega me despido de los lectores de EL UNIVERSAL, no sin antes agradecerles su atención y la gentil invitación que hace más de seis años me extendió Roberto Rock para colaborar en este prestigiado diario, cosa que hice con gusto y satisfacción.