martes, febrero 20, 2007

Disertación

De los 14 a los 27 años tuve la creencia de que la pena más grande a la que puede enfrentarse cualquier persona era alguna relacionada con el tema del amor. Sufrir por amor es la peor prueba de dolor para alguien, pensaba. A la distancia sólo tengo una opinión al respecto: esas son patrañas. Conforme ha pasado el tiempo me he convencido de que dicha idea es totalmente falsa. Los sufrimientos de amor son etéreos, intangibles, efímeros, soportables, pasajeros, artificiales en algunas ocasiones y motivados no por el sentimiento hacia la otra persona, sino hacia uno mismo, ya sea de compasión o de egolatría. En suma, se sufre por amor, sí, pero no es lo peor que te pueda suceder en esta existencia.

Las canciones que suele transmitir la radio tienen un gran tema en común: mostrar o dar testimonio de cuánto sufre una persona cuando su pareja --término que utilizo en este sitio para denominar lo mismo a novios, amantes y/o esposos-- se ha ido. Hombre, visto a la distancia, esto es algo bastante manejable y, sobre todo, mejorable. ¿Que te ha dejado una mujer? ¡Pues al demonio y que venga la que sigue! Cuando uno está sumido en esos pensamientos autocompasivos y derrotistas del tipo pobre de mí, cómo sufro porque mi amada tal por cual se fue con otro, la inteligencia se cohibe de manera increíble. En pocas palabras, no vemos más allá de nuestras propias narices y nos volvemos totalmente oligofrénicos. Frases como "es que nadie se va a parecer a ella" brotan a la menor provocación. ¡Qué mejor que nadie se va a parecer a la susodicha! ¡Así, al menos, sabré que cualquier otra no me va a hacer lo mismo, coño!

El mundo es tan grande como uno quiera verlo. Pero ni duda de lo anterior. Hay miles, millones de mujeres y tipos esperando alguien a quién amar. Conozco a gente --hombres y mujeres por igual-- que está esperando a alguien especial de tiempo completo y horas extras. Al parecer, el común de la gente arriba de los 30 años es la incapacidad para tener una relación formal y el ardiente deseo de tener alguien especial a su lado. Con este enorme mercado de corazones, ¿alguien puede atreverse a decir que no encontrará a su contraparte en cualquier momento? No hay carencia de hombres ni mujeres, lo que hay son pésimas estrategias de búsqueda (y un pelín de mala fortuna).

Las penas de amor son importantes en la vida de cualquier persona. Claro. Ni duda. Pero, por supuesto, tampoco representan el fin del mundo ni de la historia de esa gente. Cuando veo a los chavales adolescentes hacer mil y un dramas por sus novios y novias no deja de darme prurito. ¿Por qué en la radio no escuchamos canciones que traten sobre temas verdaderamente dolorosos y fuertes, por ejemplo, como la muerte y las enfermedades, y no esos supuestos apocalipsis que dizque son los finales amorosos? Esos sí son temas que te joden la existencia y no las cursilerías de un abandono, una ruptura o una pérdida amorosa.

Un amor verdaderamente fuerte es el de los padres a sus hijos, por ejemplo. Pero si me dicen que fulano sufre mucho porque ya no se casó con sutana, o si perengano sufre mucho porque tiene a su talporcual, pero le gusta andar de pichabrava por aquí y por allá, pero al final --repito-- sufre porque sólo quiere a una (aunque le guste andar con varias), o si me dicen que nosequién sufre mucho porque su novio es más intangible que la buena o la mala fortuna, por favor, ¡no me jodan! El amor es doloroso, pero no mata a nadie. Al menos no mata a nadie por sí mismo. El hecho de que haya locos que agarren de pretexto al amor para cometer estupideces es otra cosa. Pero, así, a secas, el amor es domesticable y administrable con dedicación y estrategia.

El sufrimiento por amor existe, pero no es el máximo dolor. La enfermedad y la muerte son más fuertes.