lunes, febrero 20, 2006

Faltan 6 días

Bueno, ¡pero qué coños...!

Esta puede ser la última vez que veamos a los Stones en este precioso país...



Caipirinha Stones on the rocks



Los Rolling Stones arrasan en la playa de Copacabana ante 1,3 millones de personas

BERNARDO GUTIÉRREZ


Una gran explosión se apodera de una pantalla de trece metros de altura. Meteoritos coloridos. Un ruido ensordecedor. Y Keith Richards despedazando la espera con un riff salvaje y conocidísimo. Jumpin´Jack Flash se expande como un eco demoledor repetido en las 16 torres de sonido de la playa: Rock in Rio, sus Satánicas Majestades en persona.

Así arrancó el concierto que los Rolling Stones brindaron gratuitamente la noche del sábado en la legendaria playa de Copacabana de Río de Janeiro, ante 1,3 millones de personas, el más multitudinario de su carrera. Pero el megaconcierto comenzó mucho antes de que Jagger y sus gladiadores rockeros saltasen a la arena. Desde primera hora de la tarde, la playa era una auténtica fiesta multicultural. Viejos rockeros, lenguas stonianas tatuadas, garotas de Copacabana de bronceados superlativos, futboleros de playa de músculos abultados y toda una legión de vendedores ambulantes. Pinchos de carne, brochetas de gambas (todo un éxito), pañuelos, camisetas hechas para la ocasión (Yo fui. Rolling Stones en Río). Y cantidades industriales de alcohol.

El barrio de Copacabana estaba paralizado. Tráfico caótico. Metro saturado. Gente exultante que estallaba en espontáneas oleadas de gritos. Y una avenida Atlántica, el balcón marino de Río, llena hasta la bandera. Overbooking en los balcones y varias filas de embarcaciones en el agua formando un palco marino. La espera, con el sonido cálido de Afro Reagge y de Titãs, se hizo leve. Sobre todo para los que lucían bañador y chapoteaban en el agua. Grupos de amigos cantaban samba, armados de pandeiros. Treinta grados, samba, caipirinha. Todo en su lugar para el concierto más esperado del Bigger bang world tour.



Y el arranque del show llegó, salvaje: Jumpin´Jack Flash. Luego, una memorable It´s only rock and roll. Jagger, suelto, juguetón, atreviéndose con el portugués que su hijo Lucas y sus amantes le han enseñado: "Buenas noches, gente. Sois fantásticos". La apisonadora Stones arrolló con todo. Una maquinaria rockera engrasada, animal, minimalista, colorida. Perfecta. Una psicodélica y larguísima Midnight rumbler - pantalla roja, Jagger en su perfil más demoniaco-, confirmó por qué los Rolling siguen imbatibles en lo más alto del trono del rock.

Satisfacción para 1,3 millones de personas. Y Richards, el hombre calavera, soltando sus frases rockfilosóficas: "Está bien volver, está bien estar en cualquier lugar". Richards cantó This place is empty, de A bigger bang, y la legendaria Happy. Y entonces llegó el baño de multitudes, la banda en el escenario pequeño, cercados de pueblo. Jagger con su portuinglés: "De repente samba, gente". Y temas míticos, como Get off of my cloud, entre las masas.

La parte final del concierto fue la crónica de una explosión anunciada. Honky tonk woman (compuesta en Brasil) y, sobre todo, la percusión de Sympathy for the devil, inspirada en las batucadas que Jagger conoció en Bahía, en 1968, sonaron más brasileñas que nunca. Y la pirotecnia final, de energía adolescente. Rock rabioso y electrizante. Mick Jagger con una camiseta de Brasil entonando una incendiaria Start me up, una potente Brown sugar. Antes del estallido final, un respiro/ balada, You can´t always get what you want. Y lo que todo el mundo esperaba, Satisfaction, más de un millón de personas unidas por cinco palabras: "I can´t get no, satisfaction".