domingo, julio 09, 2006

Uno, dos, tres probando

Ayer estuve en el Zócalo. Después de haber dejado en el aeropuerto a mi mujer tomé el subterráneo hasta la estación más importante de la ciudad. Salí y me encontré con una valla instalada por la policía destinada para todos los que veníamos del transporte público. Es decir, para estar en el acto debías haber ingresado por alguna de las calles que desembocan en nuestra plaza mayor. Además, arribé a eso de las 18.00 horas y ya había pasado lo mejor.

Desde la entrada del metro que está frente a Palacio Nacional escuché la interpretación del Himno Nacional. Después vinieron algunas arengas sobre el país, la democracia y el candidato de la Coalición, AMLO. Intenté cruzar la avenida, pero fue totalmente imposible. Entre la enorme cantidad de gente, la valla de la policía y el final de la concentración todo era una ola de gente que buscaba cómo salir de lo que los cronistas antiguos llaman "el primer cuadro de la ciudad".

Entre la muchedumbre había de todo, en especial frases ingeniosas escritas en cartulinas, pegotes, camisetas, mantas y demás formas de expresión. Me lamenté de no haber llevado mi libreta porque había unas bastante buenas. De las que me acuerdo están la de PREP: Programa para Robar Elecciones al Peje, y otras relativas a Fel-IFE. También sentencias del tipo "México, no te rajes", "Para que mi voto cuente, cuenten mi voto", "Sufragio efectivo, no Calderón", la clásica y ya bastante choteada "Voto por voto, casilla por casilla" y otras que ya no recuerdo.

La verdad, lo que ayer se concentró en el Zócalo bien puede ilustrar el concepto de "pueblo". Había gente de clase media y media baja en cantidades mayoritarias. Pocos burgueses o "acomodados". Pero, cuidado, no estoy siendo peyorativo al llamarles así. Sólo quiero destacar que la división de clases sociales en el país es más que evidente, sobre todo en estos días. Es decir, ayer pocos, muy pocos ciudadanos del perfil de los que asistieron --por ejemplo-- a la marcha de la inseguridad vestidos de blanco estaban allí. Claro, también había uno que otro güerito greñudón, como del tipo de los potentados pero con "conciencia social". Coyoacanenses, universitarios, profesores, varios ancianos, muchas doñitas de esas que son una amenaza cuando se juntan más de dos y jóvenes, bastantes jóvenes completaban el variopinto paisaje.

De lejos pude ver a la Poni, la señora que salió en unos comerciales a apoyar a AMLO pidiendo a su contrincante y su partido que no calumniaran. Algo así como muchachos, por favor, no se lleven feo, juegos de manos son de villanos. Fui afortunado porque, repito, estaba literalmente desde la barrera, atrás del telón de acero viendo la corrida.

Quise cruzar la plaza para tomar Madero o Cinco de Mayo, pero fue imposible. Simplemente no había por dónde. Así que tuve que volver a meterme al metro con dirección a Cuatro Caminos para bajarme en Allende. Salí, caminé por Motolinía y en Cinco de Mayo saqué el iPod, me puse los audífonos y vi a las masas cimbrar los adoquines del Centro (¿qué onda con esta narración?).

Pensé poner algo como Rage Against the Machine para musicalizar de manera adecuada la imagen, pero mejor puse la versión aleatoria y la primer canción que sonó fue "Será por eso" de Caifanes. Ja, ja. Bueno, fue el azar.

Después recibí unos mensajes de texto al móvil y procedí a contestarlos. Como me veía medio sospechoso (audífonos, móvil, parado en la acera) pensé que lo prudente era seguir caminando y no levantar polémica. Me refiero a que ese tipo de comportamientos da pie a pensar que uno no es un simple ciudadano curioso, sino un agente encubierto del Ministerio del Interior. Digo, uno nunca sabe y con las masas enardecidas, menos.

Así que seguí por Motolinía hasta Madero. Ahí la gente era como más chic y más combativa. Es decir, los que saben de marchas, manifestaciones, bloqueos y plantones tienen bien en mente que la calle para entrar o salir del Zócalo con Honores es la que lleva el nombre de esos dos viejos amigos revolucionarios: Francisco I. Madero. Ahí me uní al contingente, pero sólo para que me dieran un aventón hasta Bolívar. La democracia es fatigante y la sed no sólo es la de justicia social, sino también la muy mundana del cuerpo.

Pero, oh sorpresa, la entrada del Salón Corona estaba atiborrada de gente culta e informada, liberal y demócrata (y chelera, claro), así que no vi muchas posibilidades de entrar. Sin embargo, otra vez oh sorpresa, ahí me encontré al buen Alfonso y su fiel escudero Remi. Y como ellos son clientes uve i pe de ese lugar, pues ahí voy pa' dentro sorteando la fila y al improvisado "cadenero".

Ya lo que siguió no tiene mucho que ver ni con la democracia ni con la defensa del voto, así que hasta aquí llega la reseña.


Corolario

Uno de los mensajes de texto que llegó a mi móvil fue el de mi colega Paco. Ahí recibí un ligero reproche por tener abandonado este buroblog. Lo acepto. Y me propuso que, si yo contaba la jornada del sábado en la Plaza Mayor, él haría lo propio desde su trinchera jurídica y legal.

Por lo tanto, Paco, con esta entrega mi parte ha quedado saldada.