martes, junio 26, 2007

Mal día

Todo comenzó a ir a peor desde temprano. Primero, he olvidado mi libro de Fuentes en el taxi que me llevó al Ministerio. Joder. Si hay algo que no tolero es perder cosas. Desde crío tengo esa fijación. Me altera extraviar algo, sobre todo si se ha debido a mi olvido. Hoy ha sido así. Después de pagarle al chófer he cogido el paraguas y he saltado a la calle sin darme cuenta de que ahí, en el asiento del VW, se quedaba mi ejemplar que, no sé por qué, me había encariñado tanto en tan sólo tres días.

Además, para rematar este cuadro semi-trágico, en el interior estaba un separador que me había acompañado desde la etapa universitaria, es decir por más de 15 años. Era simple, nada del otro mundo. Negro con un sello postal de la antigua Unión Soviética. La imagen de una campesina progresista con alguna inscripción de la época dorada del comunismo científico. Repito, nada del otro mundo. Sólo el alto valor sentimental que tenía para mí. Joder otra vez.

Después, en la oficina, el cuesta arriba de tiempo completo por el asunto del Informe de Gobierno. Entre indefiniciones, escarceos y fluctuaciones de carácter se ha ido un día más sin avances sustantivos mientras el tiempo se nos viene encima. Sin ser adivino puedo augurar que, de aquí a septiembre, estaremos con el agua al cuello en todo momento. Histeria colectiva asegurada (o, mejor aún, histeria individual asegurada porque no creo que muchos se enrolen en la misión).

Ha llegado la hora de la comida. Después de embutirme mi variado menú dietético de pollo y vegetales he salido rumbo a la calle que está a un costado de la Biblioteca Vasconcelos de la Plaza de la Ciudadela (por cierto, ayer leí que ahí falleció un indigente de... cirrosis). Me dirijo al mismo puesto donde encontré el libro perdido, en primera edición de Alfaguara, al precio de 50 pesos. Veo por aquí, veo por allá y nada. Joder. Por la ubicación reconozco el sitio y resulta que es el único cerrado de todo el corredor. ¿Qué sucede, hombre?

Intento buscar el ejemplar en otros puestos. Nada. Carísimo o inexistente. Entro a la librería de la biblioteca y lo encuentro en 80 pesos. Sin embargo, es la más humilde edición de la editorial Punto de Lectura, la cual no me satisface. Estoy obsesivo y quiero la edición de Alfaguara.

Regreso a la oficina y más sinsabores normales. Nada interesante que leer en el correo, mucho menos en los blogs que suelo consultar. Espero a que todo termine para caminar rumbo a la librería Gandhi Bellas Artes para preguntar por el tal libro. Y, bueno, que no hay en existencia. A estas alturas lo único que se puede hacer es aflojar el espíritu y tratar de tomarlo con calma. El dependiente me dice que lo tienen unos metros más adelante, en Gandhi Madero. Pero ya mi efervescencia se ha rendido y mi parte racional me dice que calma, que después regresaremos a Balderas para buscar al tipo que lo tenía en 50 pesos. De acuerdo, le contesto. Me monto los auriculares del iPod y camino rumbo al subterráneo.

Esto ha sido bastante ridículo, pero es lo que hay.



--oo00oo--


Vuelta de página.

Gracias sinceras a la lectora por su valioso apunte. En efecto, la biblioteca José Vasconcelos no está en Balbuena, sino en Buenavista, a un costado de la antigua estación de ferrocarril, muy cerca de donde se monta el tianguis de El Chopo cada sábado. Y, en efecto también, la que está ubicada en Balderas se llama Vasconcelos (somos bastante creativos los mexicanos... ¿no habrá otro patrio héroe que haya fomentado la lectura en la antigüedad?).

Por cierto, cuando leí su comentario recordé lo que unos estudiantes me dijeron respecto al armatoste que se inunda y sirve para todo excepto para la consulta de libros (recordemos que ahí se tomó un estudio fotográfico para un catálogo de El Palacio de Hierro): que la biblioteca Vasconcelas era bastante bonita ("está súper chida", me dijo la alumna que sacó 10).

Lo anterior, junto al apunte de la lectora, me ha despertado la curiosidad respecto al edificio ése. El otro día vi en la televisión --en el Canal del Congreso-- al titular de CONACULTA, Sergio Vela, dar la cara ante la Comisión de Cultura del Congreso por el proyecto foxista. Su encomienda era bastante difícil: defender lo indefendible (¿una biblioteca nueva que se inunda?, ¿un jardín botánico que se seca?, ¿una ballena que tiene filtraciones?). Sin embargo, espero que pronto pasen esos seis meses que estará cerrada al público para visitarla en su reapertura.

Gracias otra vez a la lectora.



--oo00oo--

Y, bueno, hasta aquí es todo.



1 Comments:

Blogger Efrén said...

Siempre he puesto especial atención en los separadores que uso. En Crimen y Castigo tenía una pequeña foto de Tin Tán bailando, en Pantaleón y las visitadoras un Botero y en el Jugador un billete de lotería.

junio 27, 2007 11:10 a.m.  

Publicar un comentario

1 comentarios

<< Home