viernes, febrero 15, 2008

El día después de ayer

Un viernes de quincena post día del amor y la amistad. Por las calles se experimenta un tráfico más intenso que el común de la semana laboral. Muchos traen cara de resaca por las celebraciones de anoche. No me refiero a una intensa ingesta de alcohol, tabaco y estupefacientes, sino más bien a la lubricación y fricción de los cuerpos, al viejo intercambio de fluidos corporales (aunque sea nada más baba). Sin embargo, la motivación de recibir un tanque de oxígeno directo a la billetera ha animado a varios de estos soldados de Cupido a arrastrar sus pasos hasta esta oficina pública. Así, temblorosos y adoloridos, ahí estaban todos formados en la fila del ATM a las 09.30 horas.

Al menos este año nadie ha dado señales de querer organizar el clásico intercambio de regalos ni jugar al amigo secreto y tal, sobre todo la secretaria que no hace realmente mucho durante todo el año, pero que es como particularmente inquieta para la cuestión fiestera cuando se avecina alguna conmemoración por pequeña que sea. Creo que estas son prácticas que bien podemos ubicar en el periodo del PRI-cámbrico tardío, aunque también ocurren mucho en la iniciativa privada, por lo que he podido observar.

La clase de anoche lucía semi vacía al principio. Después, uno a uno fueron llegando la mayoría de los estudiantes. La parvada que se sienta en la extrema derecha de plano ni se asomó. Mi política siempre ha sido que con un alumno sentado es suficiente para arrancar la sesión. Sin embargo, anoche era un tema bastante atractivo y sí me interesaba que estuvieran presentes casi todos (hablamos sobre el viejo Maquiavelo y su obra). La buena nueva fue que, al final, sí hubo quórum, aunque tuvimos que avanzar en medio de un salón decorado de globos azules en forma de estrella y cajas de chocolate engalanadas con listones rojos.

Este fin de semana quiero ver una película que recién han estrenado ayer y que trata sobre unos ladrones mexicanos recluidos en celdas como Lecumberri, actual Archivo General de la Nación. Algunos de estos son muy famosos, por ejemplo, el que se metió a robar a la casa del ex presidente Echeverría sin que lo pillaran. En LL ya la había recomendado Fernanda Solórzano y eso es como garantía. Por cierto, esta noche todos a verla en el Canal 40 a las 23.00 horas. Bueno. Entonces decía que ése es uno de los objetivos para este sábado y domingo.

Por cierto, en estos días también arranca la feria del pueblo, la cual se acompaña cada tres años de la subida al poder de un nuevo ayuntamiento. Imaginen el cuadro: la fiesta religiosa de la comunidad, aderezada por los festejos paganos de la nueva –o reciclada—clase política que toma las riendas. Un bonito cuadro costumbrista que bien puede competir de tú a tú con filmes como Calzonzin Inspector o La Ley de Herodes. Música de viento en el quiosco que rinde ininterrumpido homenaje al chuntata-chuntata, sentidas palabras alusivas por parte del alcalde, abrazos que resuenan más de dos segundos y que dejan cimbrando espaldas y pulmones de los que los reciben y los dan, mucho confeti, mucha comida, mucho torneo de fútbol rápido y cachibol y, claro, mucho, mucho pueblo. Por supuesto, la reina y sus princesas (nuestra nostalgia por la metrópoli) apareciendo en algún programa de revista en la televisión nacional invitando al mundo entero a visitar la región, al tiempo en que dicen preparar platillos típicos con sus propias manos frente a las cámaras. Largas jornadas que incluirán actos “culturales” como la presencia de “artistas” en el gratuito Teatro del Pueblo, emociones fuertes en la Terraza Corona al ritmo de imitadores de Elvis y vedettes pertenecientes al gremio de las carnes frías, un inmenso ring de boxeo en las inmediaciones de la carpa que monta la cerveza Sol cuando los adolescentes han saturado sus riñones y sus venas de malta y lúpulo, altavoces que envidiarían los miembros del gremio microbusero en sus unidades dando a conocer las ventajas de adquirir productos de Santana, Tlaxcala, en forma de cobertores con imágenes de venaditos y ollas de peltres eternas, gritos desaforados que se desprenden de los juegos mecánicos conocidos como el Trabant y El Martillo, aromas tentadores que provienen de trompos y comales en donde se cuecen las partes más jugosas de las reses y que terminarán envueltos en tortilla en los intestinos de los parroquianos, vacas Charolais y bueyes Herford que miran con sabia parsimonia a niños y sombrerudos que transitan frente a ellas al tiempo en que vociferan cuánto saben respecto a estos animales… Aaaah, ya hasta me han dado ganas de ir.

Cierro esta publicación escuchando You can’t always get what you want de los inmortales Stones, pero en la versión de Ituana para el álbum Bossa N’ Stones 2 (no está tan bueno, pero sus canciones son digeribles para un viernes soleado por la mañana).

1 Comments:

Blogger Tarzan said...

La feria es la feria!
jajaja

febrero 15, 2008 5:01 p.m.  

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1 comentarios

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