miércoles, febrero 20, 2008

FCR

Fidel Castro ha declinado a los cargos que la Asamblea de Cuba le había asignado. Es un deslinde simbólico del poder, aunque de facto seguirá siendo el gran referente de la isla hasta su último suspiro y más adelante.

Castro fue una de las figuras políticas que admiré en mi juventud. El aura que derraman las imágenes de Ernesto Guevara y el propio Fidel suelen ser irresistibles en los adolescentes politizados. Además, la historia complementaria de los barbones buenos que se imponen a los ricos explotadores malos es un aliciente, sin duda. Mi fervor fue declinando por varias razones. Algunas lecturas, algunas dosis de hiperrealidad, algunos desencantos. El sello final fue ver a un colega traerse a una joven oriunda de la isla como “novia” con el aval (y 30 dólares de por medio) del gobierno de ese país.

La renuncia de Fidel tiene mucho de esa sentencia pronunciada por Karol Wojtyla de que se iba, pero no se iba. En efecto, no cambiarán grandes cosas en Cuba porque aún sigue vivo y el poder lo ha descentralizado en piezas clave, una de ellas, su propio hermano Raúl.

Sin embargo, una alerta para aquellos que tengan pensado visitar la isla para disfrutar de todas esas cosas que se cuentan que uno encuentra fácilmente por allá. Este anuncio no cambia las cosas radicalmente, pero sí acelerará su desenlace. Así que, si tienen pensado ir, apresúrense…